top of page

De cuando tenía que preparar lechita con chocolate

  • Foto del escritor: Rows Mera
    Rows Mera
  • 18 oct 2019
  • 2 min de lectura


Y ante mis ojos lentamente crecieron, hasta que una noche solo gritaron buenas noches en la lejanía de su habitación detrás de la puerta.


De golpe y sin aviso me di cuenta de que cada vez se hacían más grandes y esa noticia ya la veía venir.


De una noche a otra ya no les hacía falta el beso de buenas noches en la frente, ese beso que me dejaba oler el sutil aroma de su cuerpo, el cuento de pasta amarilla y canto dorado se quedó guardado dentro del clóset, ese libro que inevitablemente, desataba una pequeña discusión de hermanos por elegir el relato.


Las oraciones y agradecimientos que rezábamos cada noche, haciendo un recuento de todas las cosas buenas del día, dejaron de escucharse, esa hermosa y sentida reflexión que intentaba hacer que en ellos existiera la fe, que invariablemente muchos perdemos cuando nos hacemos viejos.


Pasó rápido la época de la música de Mozart para que se arrullaran pronto, y el foquito de luz tenue que servía para ahuyentar los fantasmas, pronto se convirtió en el reflejo del celular debajo de las cobijas.


No es ningún pecado crecer, es solo la naturaleza que reclama los cuerpos pequeños, es solo la juventud que llega sedienta de vivencias, es solo el paso de la vida.


…¡Pero cómo los extraño!...



Recuerdo las tardes después de la escuela, esa rutina adorada y feliz, rutina de tareas, un baño prolongado y un televisor encendido, al que no hacían caso con la programación de Disney Channel, hasta la hora de la cena.


Posiblemente extraño el ruido de la pelota, los juguetes tirados por toda la casa, los colores de cera sobre la mesa, los Hot Wheels que se atoraban entre los cojines de la sala, esos pequeños chismes y quejas por las cosas más simples, los platos, vasos y cucharitas con estampados de princesas o las playeras de superhéroes.


Extraño la camioneta llena de envolturas de comida chatarra que me ayudaban a calmar su hambre durante el camino de regreso a casa, al salir de la escuela, o el refri lleno de danoninos y gelatinas. Tal vez extraño todo, los dibujos y cartitas de amor, o los mensajes con disculpas que se colaban debajo de la puerta, cuando mi paciencia ya se había terminado.


Y ahora en estos nuevos tiempos, no es que la juventud de mis hijos sea mi nuevo contrincante en la vida, es solo que es silenciosa y solitaria.


Alguna vez alguien me preguntó cuál ha sido la mejor etapa de mi vida, en ese momento no supe qué contestar, me encontraba agobiada pensando en el lunch del siguiente día, los uniformes que estuvieran listos, las citas con el pediatra, las clases extra escolares, atareada por ordenar su desorden, ocupada con sus dudas sobre la vida, tratando de explicar por qué hay niños que viven en la calle, y por qué el limón sabe a limón.


¡Vaya!, sí que se fue rápido, ahora puedo decir que esos días fueron muy buenos, hoy son diferentes y siguen siendo muy buenos… interesantes... pero ya no preparo lechita con chocolate antes de dormir.

 
 
 

1 comentario


camila91204
28 ene 2020

Tan hermoso como cierto. 😍❤️

Me gusta

2026 UIOGD

bottom of page