El tiempo, a veces se tarda mucho
- Rows Mera

- 4 oct 2021
- 4 min de lectura

Me desperté muy temprano en la mañana, 3 golpes a la puerta me regresaban súbitamente a la realidad de un plácido sueño que tan solo duró unas horas.
Corrí envuelta en la cobija rosada a falta de un pijama decente, era un repartidor de paquetería. Preguntó por mi, asentí con la cabeza y me entregó un par de cajas.
Las recibí dudosa, no tenía entregas pendientes, cada caja estaba perfectamente sellada, con unas etiquetas que llevaban mi nombre y códigos de barras. Por un momento pasó por mi mente la idea de una caja bomba, pero ¿quién querría querer matarme? a memos que fuera el taxista al que le aventé el carro para no darle el paso.
Tomé cada caja con mucho cuidado, las coloqué sobre la mesa del comedor y retrocedí unos pasos para verlas de lejos, tratando de encontrar alguna pista.
Con más curiosidad tomé la caja roja y la agité cerca de mi oído para tratar de adivinar su contenido. Sin lograr nada, tomé la caja verde y también la agité un poco... nada, no hay ninguna pista.
Antes de abrir esas entregas inesperadas, me fui a la cocina para prepararme una buena taza de café en esa vieja cafetera italiana, aguardé junto a la estufa y cuando estuvo listo me serví una taza, tomé un cuchillo sin filo y me fui directo hacia ellas. A lo lejos escucho la voz de la niña que compra fierro viejo y el ladrido constante de un perrito, que se mezclan con el ritmo agitado de mi respiración.
Y bien, después de tomar tres sorbos de café, me dispuse a abrir la caja roja. Me encuentro con plástico de burbujas y una nota que dice: "Desde el lugar de las cosas perdidas", pensé - ¡qué rayos! envuelta en el plástico me encuentro con la caja registradora Fisher Price que perdí a los 7 años, en las mismas condiciones en las que la dejé, un poco sucia de tanto jugar con ella, monedas reales de los 80 mezclados con esos billetes pequeñitos que conseguías en el mercado.
caí sentada en el piso con la caja registradora en las manos, por fin la tenía de regreso, ese pequeño tesoro extraviado una tarde de domingo.
Y sin pensar mucho tomé la caja verde, arrebatadamente rompí los sellos que la protegían, al abrirla encontré otra nota que decía: "desde el lugar de los deseos" volví a pensar -¡qué rayos! y envuelta en plástico encontré la Casita del Árbol, esa que nunca me trajeron los Reyes Magos, esa que sí le había llegado a mi prima, volví a caer en el piso con los ojos inundados de lágrimas, ¿porqué razón alguien me regresa lo perdido y me regala lo anhelado? ¿Porqué hasta ahora? ¿Porqué en la etapa en la que los juegos se durmieron?
Tumbada en el suelo tomé la casita del árbol e hice algo que siempre quise hacer, girar la palanca para llevar el elevador de un piso al otro, ¡cómo me hubiera gustado volver a tener 7 años!
Otra vez alguien tocó a mi puerta, con mucho trabajo me levanté del piso, a mi edad ya no soy tan ágil para levantarme de un brinco. Era el cartero.
Me entregó un sobre a mi nombre y dirección escrito con pluma azul y letra manuscrita, una letra par mi muy familiar. Todo esto era tan extraño, primero las cajas ahora una carta. Rompí con cuidado la orilla del sobre y encontré una carta que decía:
"Mi querida hija:
En mi camino al cielo me fue permitido pasar por dos lugares muy especiales, el primero fue el lugar a donde se van las cosas perdidas, todas esas cosas que nos costó trabajo abandonar, las cosas que queríamos, que nos divertían, que alguien nos había regalado y que por alguna razón las perdimos, y con ellas también se marcharon algunas ilusiones, y las sonrisas se desdibujaron, entré para buscar mis propias cosas perdidas, pero en el estante en donde está mi caja, también está la caja marcada con tu nombre y ahí encontré tu cajita registradora, por la que tanto lloraste aquella tarde de domingo, pedí permiso para tomarla y devolvértela.
Al salir de ese lugar, caminando un poco más por el sendero tapizado de flores, encontré la puerta del Lugar de los Deseos, entré a ese espacio con olor a gardenias, para buscar entre los estantes la caja que tuviera mis propios deseos, pero en ese mismo estante, también encontré la caja que tenía tu nombre. Busqué en tu caja y encontré la Casita del Árbol que no llegó en tu infancia y que siempre pediste, lamento mucho la espera. Pensé de inmediato en un gran regalo para ti ahora por tu cumpleaños.
El tiempo a veces se tarda mucho.
Con amor mamá."
Y con los ojos inundados en lágrimas, cuidadosamente guardé la carta y mis regalos. La carta la guardé en el cajón donde todo lo guardo y los juguetes los puse en la sala a la vista de todos y a la mano de todos, para recordarme nunca dejar de imaginar, nunca dejar de desear, nunca dejar de jugar, recordarme que alguna vez fui niña y esa niña soy yo ahora con dolor de codos.
Me pregunto una cosa ahora que me lees, en este ejercicio entre ficción y realidad ¿qué guardan tus cajas?




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