Juan Penas y el avión presidencial
- Rows Mera

- 16 ago 2020
- 6 min de lectura
Actualizado: 25 ago 2020
Esta es la historia de Juan Pérez y Maruca.
Maruca la esposa de Juan despertó una mañana de domingo y descubrió que se habían ganado el avión presidencial.
De un grito despertó a su marido de la emoción.
- ¡Nos ganamos el avión, nos ganamos el avión! - apretando los puños y saltando en señal de victoria.
- ¡¿Qué , qué, qué?!, ¿cómo sabes eso?, ¿estás bromeando? preguntó con los ojos saltones y enrojecidos.
- ¡Sí mira, el boleto ganador es el 25388883, y lo tenemos! - gritaba Maruca, agitada y llorando de la emoción.
- ¡No mames, no mames, no mames… ganamos! – decía Juan, y pegó un brinco de la cama como si de un quinceañero se tratara, olvidando el dolor de ciática. Y Juan empezó a brincar y a bailar envuelto en sus calzoncillos blancos rinbros y camiseta de tirantes blanca, mientras tomaba a su querida Maruca para abrazarla, y dar vueltas.
- ¡En la madre! – y ahora ¿dónde lo guardo?, fue lo primero que pensó,
¿o a quién se lo vendo y cómo lo vendo, si es que lo vendo? – y recordó los incontables memes que ya antes había compartido por whats.
En realidad, Juan no quería ser dueño de una avión presidencial, quería más bien, juntar dinero, para arreglar el viejo Renault negro empolvado que tenía en el garage. Había ahorrado en una tanda, la que organizaba Lupita la de enfrente, dos mil pesos; mil quinientos de los cuales serían para arreglar su coche y 500 para comprarse un cachito de la Lotería Nacional y apoyar a la causa.
Esa mañana de júbilo y sorpresa, olvidó tomar su lozartán para la presión, olvidó sus dolores, incluso, olvidó bañarse, tomó su celular con la pantalla estrellada para ver las noticias, Twitter, Facebook, lo que fuera, pero sin pila eso no iba a ser posible, así que con un - Chingada madre entre dientes – procedió a conectarlo.
Prendió la tv para saber qué hacer, pero Maruca ya se había adelantado un poco.
Había salido con los vecinos a anunciar la buena noticia o más bien a presumirla, así en bata, en chanclas, despeinada, - ¡nos ganamos el avión, nos ganamos el avión! -, gritaba de puerta en puerta. Y como es de suponerse en estos casos, todos la felicitaron y sabían exactamente qué hacer.
- Comadre dígale al compadre Juan que muchas felicidades, que aquí estamos para lo que se le ofrezca. Debe ir a Televisa Chapultepé para que ahí le asesoren y lo entrevisten – le decía Cuca la comadre.
- ¡Mi Maru muchas felicidades a usted y don Juan, no se olviden de los amigos, mejor espere a que le llamen los del gobierno a lo mejor vienen por ustedes – le decía Mago la vecina de enfrente.
- ¿Y a dónde nos va a invitar Maru yo nunca me he subido a un avión? -, le decía doña Luz una viejita que barría la banqueta.
- Pos todavía nos sabemos qué hacer mi viejo y yo... mejor ya me meto porque me ha de estar buscando mi Juan como loco, ahí nos vemos al rato – Dijo Maruca, y corrió al patio de su casa.
- ¿Dónde te metistes Maruca?, prende el boiler y hazme un par de huevos con jamón y guarda bien el cachito con mi avión, porque al rato voy a reclamarlo.
Y mientras ocurría el desayuno de un par de huevos con jamón, el pan de ayer, y una taza de café con tres de azúcar, Juan inmerso en sus pensamientos analizaba su estrategia.
- Maruca necesito pensar, no me interrumpas – dijo Juan en tomo serio.
Juan era un tipo, casado hace 20 años, sin hijos, dueño de un puesto de jugos en el mercado de Martínez de la Torre en la colonia Guerrero, de buen trato con las señoras, de 1.68 de estatura, 80 kilos, tez morena, cabello chino castaño crespo, barba a medio crecer y bigote negro; usaba un anillo negro en la mano izquierda, la uña del meñique derecho era larga y cuidada, mucho más que las uñas de Maruca. Llevaba tatuado el escudo de las chivas en el ante brazo izquierdo y en la espalda del lado derecho otro tatuaje despintado que parecía un ancla. Esa mañana de domingo se había quedado en casa, para qué ir a abrir el puesto si ya era rico, muy rico.
- … Y si me quedo con el pinche avión, ¿cómo le voy a hacer pa guardarlo?... ya se que me lo guardan un rato los de la 4T que son buena onda, pero… y si decido quedármelo, pa usarlo yo… yo nunca he brincado el charco… y tengo ganas de ir a Egipto para ver a las momias, luego ir a Europa y pasearme por las calles de la Madre Patria y luego ir a París y luego a Roma a ver al Papa y llevar a toda la banda, al fin que va a ser gratis… y si me lo quedo para hacerlo un museo, sería el museo del neoliberalismo, el museo de la explotación de los pobres y el enriquecimiento de unos cuantos, sería el monumento a la corrupción y me haría rico, muy rico…- pensaba cerrando los ojos bien fuerte y apretando los puños, sintiendo cómo el éxito y la abundancia por fin llegaban para quedarse.
Continuaba …
...Mi carnal el pelón, no me diría que no, si le propongo que nos asociemos y acomodamos el avión en el campo donde juega futbol llanero, es más, ya con varo le compro el terreno de la Tláhuac y luego ya veríamos, si lo hacemos museo o restautante. Podría cobrar 50 varos la entrada, si en un día hay 100 visitantes sacaríamos unos cinco mil… supongamos que en un buen día, un domingo se suben unos 200 compas, serían unos 10 mil sin hacer nada, así de facilito; y si mando hacer playeras, llaveros, tazas, estampas, delantales, gorras, encendedores, postales, plumas y libretas, además de la foto oficial, justo ahí conde el Peña Nieto se sentaba o en la cabina con la gorra de piloto, me podría llevar otra lanita, y con una buena propaganda en el feis ya la hice… yo creo que voy a tener mucha fama porque voy a ser el nuevo dueño, todos van a querer subirse, todos querrán conocerme, van a ir donde sea con tal de subirse con sus morrillos al avión presidencial, eso sí, no voy a dejar que se suban con perros ni con chicles...
Y seguía pensando…
... Eso me parece buena idea, lo voy a convertir en museo, pero antes lo voy a estrenar y me voy a pasear por el mundo, mi primera parada será Acapulco, y voy a ir con toda la familia.
Pensaba con una sonrisa mientras daba el último sorbo a su taza de azucarado café.
… - y si se lo vendo a los gringos, luego ¿cómo le hago para contactar con un gringo billetudo, si ni siquiera se hablar inglés? … y si lo rento onda Airbnb pa que la raza se hospede a todo lujo, podría rentarlo hasta 6 mil la noche, al fin que es el avión presidencial...
- ¡Maruca!, alístame el traje gris, el de siempre porque me lo va a entregar mi presidente en persona y báñate para que me acompañes- dijo Juan en tono mandón.
2 horas más tarde, Juan y Maruca ataviados con sus mejores galas, salían del metro Juárez para caminar rumbo al edificio de la Lotería Nacional.
Caminaron a prisa, con el corazón agitado, dichosos y silenciosos.
Buenas tardes – Soy el señor Juan Pérez y tengo el cachito ganador del avión presidencial – decía Juan al policía.
- Pasen por aquí por favor esperen un momento- dijo el oficial quien aprovechó el momento para pedir una selfie con ellos, emocionados se sentaron en una sala de piel color negro en la oficina de algún alto funcionario.
Ocho minutos después…
- Buenas tardes señores, me informan que ustedes son los afortunados ganadores del avión presidencial – dijo el Licenciado López, acompañado del oficial de cumplimiento y dos personas más.
- Sí señor, mire aquí lo traigo déjeme lo busco-
Pero al tocar el bolsillo derecho del saco en donde lo había guardado, sintió un escalofrío que lo recorría de la cabeza a los pies.
Inmediatamente buscó en el bolsillo izquierdo, tembloroso y nervioso con la vena de la frente saltona y empezó a buscar en los bolsillos del pantalón, primero en el lado derecho, después en el lado izquierdo.
Con gotas de sudor en la frente preguntó a Maruca:
- ¡Maruca! ¿Tu tienes el cachito? - Balbuceó casi mareado.
- No Juan – dijo en voz baja, casi con lágrimas en los ojos.
- ¡Me lo chingaron en el metro!, dijo enfurecido, salpicando saliva a los presentes, quienes para esquivar las gotas dieron un paso hacia atrás.
Y así fue como despertó Juan de su sueño guajiro, se topó con la cruda realidad, esa realidad del metro, de las combis, de las calles, de su gente... de México.
La fantasía se reía a carcajadas de Juan Pérez ahora Penas.
Sin embargo, para el Brayan y el Alexis los nuevos dueños del avión presidencial, era un despertar nuevo… pero esa... esa es otra historia.
FIN




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